El efecto Márquez

Lejos, muy lejos estábamos de pensar por allá en enero de 2020, cuando Deportivo Pereira comenzó su andar en la primera división después de ocho tortuosos años en la B, que el técnico más exitoso de la primera etapa post ascenso iba a ser Alexis Márquez.

Foto: Dimayor


Márquez, a quien la vida le puso de carambola la inesperada oportunidad de asumir como técnico interino, es hoy el directo responsable, junto a su grupo de trabajo, de que Deportivo Pereira se mantenga en la máxima categoría.


Su primera demostración de capacidad se dio el año pasado cuando dirigió en la liguilla de eliminados, en la que logró avanzar a la final con un rendimiento impensado: Tres victorias y un empate, perdiendo solo en la final 1-0 ante Millonarios.


Pero las evidencias iban más allá de los números. En aquella oportunidad Alexis demostró grandes cualidades en el manejo de grupo y la lectura de partidos, dos aspectos que, aunque deben ser intrínsecos en la naturaleza de un buen técnico, son cada vez más escasos en tiempos del ‘fútbol moderno’.


Sin embargo, lo anterior no fue suficiente para convencer a quienes tomaban las decisiones en Deportivo Pereira y cuando se ilusionaba con asumir en propiedad, no tuvo otra alternativa que agachar la cabeza ante la absurda contratación de Jorge Artigas. Suena a chiste, pero el entrenador de peor rendimiento en el 2020 en el fútbol colombiano era quien llegaba a salvar al Pereira del descenso.


Si bien el fútbol vive en una constante dinámica y siempre deja abierta la posibilidad a que cualquier cosa puede pasar, en esta oportunidad la lógica imperó: los malos resultados sacaron a Artigas y Alexis Márquez (a quien le dijeron que iba a ser el asistente del uruguayo, pero mantuvieron en la sombra), regresó al banquillo matecaña.


Esta decisión no sólo obedecía a la realidad y la necesidad del club, sino que era consecuente con el sentir de la mayoría de los aficionados, quienes no dudaron en depositar su confianza en quien como arquero siempre lo dejó todo en la cancha y como entrenador ya había demostrado condiciones.

Foto: Dimayor


Alexis asumió como técnico el viernes 26 de febrero, previo al clásico ante el Once Caldas. Recogió un equipo sin alma, sin rumbo y falto de confianza y con pequeños retoques hizo grandes cosas. Con sus decisiones le devolvió la confianza a los jugadores y desde lo futbolístico fundamentó su trabajo en el orden y la seguridad defensiva.


Su punto de partida fue estabilizar la nómina, terminar con las rotaciones y sólo hacer cambios cuando fueran necesarios -la mayoría de veces obligados por las lesiones o por contagios de covid-. De esta manera pudo fortalecer la solidez defensiva, lograr el equilibrio en la mitad de la cancha y potenciar el nivel individual de la mayoría de los jugadores.


El cambio saltó a la vista y el Deportivo Pereira modelo Márquez fue otro. Defendió en bloque y atacó en bloque, dejó de darle espacios al oponente en el campo propio y a través de la presión alta obligó a los rivales a cometer errores que en varias ocasiones terminaron en goles matecañas. Atrás quedó el equipo inseguro que era incapaz de sobreponerse a las adversidades propias del juego.


Como consecuencia lógica aparecieron los resultados y ya no sólo el técnico pereirano hizo jugar bien el equipo, sino que lo volvió a poner en carrera por salvar la categoría, hecho que generó, quizás, lo más importante en todo el proceso: recuperar la confianza del hincha y ganar su apoyo y respaldo en la dura tarea por mantenerse en la A.

Foto: Dimayor


Los números son elocuentes con su gran campaña. Alexis dirigió en nueve partidos, ganó cuatro, empató tres y perdió solamente dos juegos. De 27 puntos que disputó, ganó 15, lo que le deja un 55 % de rendimiento.


No la tuvo fácil, asumió un riesgo con nobleza y gallardía, mismas cualidades que demostró desde su época como futbolista profesional, y logró su recompensa, primero salvando la categoría y segundo ganándose un respeto como técnico y renovando el sentimiento de cariño que siempre la afición profesó por él.


Es como si la vida y el destino le hubieran reservado un lugar en la historia del Pereira a él y a su efecto, el efecto Márquez.


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